13. Jerarquías irreales
Esta noche me siento realmente vulnerable. Y sin embargo no se presenta como una noche especialmente triste. De lo contrario, me siento bastante feliz. Estoy consiguiendo desprenderme muy lentamente de algunas de las rígidas capas que me cubren, y eso me contenta, a pesar de ser consciente de que mi sensibilidad empieza a quedar al descubierto. Puede que no tenga miedo porque sé que mientras me mantenga en el lugar en el que debo estar, nada va a ocurrirme, todo irá bien. He buscado en la guía telefónica el número de Sherezade. No me ha resultado nada fácil encontrarlo, pues no conozco su nombre real, pero el tiempo y la paciencia me han ayudado a encontrarlo a través de la dirección de su piso. Eso significa también que ahora conozco su verdadero nombre, Sofía ……….No estoy seguro de que quisiera en el fondo conocerlo, o prefería seguir teniendo a mi propia Sherezade, única e irrepetible, solamente mía. Sofía es de demasiada gente, Sherezade era únicamente mía. Sé que no voy a poder llamarla nunca. Os he dicho ya que temo. Temo a casi todas las cosas, incluso a las más cotidianas. ¿Cómo, entonces, iba a poder acopiar el valor suficiente para coger el teléfono y marcar su número, esperar a que ella descolgara para escuchar su voz y pronunciar algo después? De nuevo, tampoco estoy seguro de querer escuchar su voz. Es un difícil dilema el de escoger entre la imaginación o la realidad. Yo ya conozco a Sherezade, sé casi todo de ella, sé cómo se siente, intuyo los motivos incluso, sé cómo huele su pelo sobre la vieja mecedora, conozco el tacto de su piel, el sonido de su voz. ¿Qué importa que no sea más que lo que yo he creado a partir de la base de su imagen desde mi ventana? ¿Son menos válidos sus olores en mi mente por no ser reales? Nos engañamos al creer que las cosas reales son más duraderas, al pensar que sentimos más los olores que olfateamos que aquellos que creamos con la imaginación, cuando lo cierto es que no existe demasiada diferencia entre las voces reales y las imaginarias, entre el recuerdo de una voz de antaño con la ilusión de una voz presente. Incluso podemos decir que la ficción es más fácil de aprehender que la realidad, y puede llegar a estar más llena de matices que la oficial. Y no por ser la realidad algo oficial debería de tener mayor importancia, pues no tiene en ocasiones la mitad del valor de algunas ideas.
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